Sabemos que cuando acudimos a él todo irá bien aquí y en el más allá

Tal vez una de las recompensas más grandes de la meditación y la oración es la sensación que nos sobreviene de pertenecer, ya no vivimos en un mundo totalmente hostil, ya no somos personas perdidas, atemorizadas e inseguras.

La  meditación es en realidad de un gran valor práctico, uno de sus primeros frutos es el equilibrio emocional y tiene un solo objetivo, mejorar nuestro contacto “consiente” con Dios.

En cuanto vislumbramos la voluntad de Dios, en cuanto empezamos a ver la verdad, la justicia y el amor en las cosas reales y eternas de la vida ya no nos sentimos tan turbados y desconcertados por ver  todo lo contrario a la aparente evidencia que nos rodea en nuestros asuntos puramente humanos.

Es indudable reconocer lo positivo y concretos resultados de la oración y meditación.

Todo aquel que persista en rezar encontrara una fuerza con la que normalmente no podía contar, lo sé por experiencia “Yo he encontrado una sabiduría más allá de mi acostumbrada capacidad, y he encontrado más tranquilidad de espíritu que no me abandona ante las circunstancias más difíciles”.

Dios nos cuida amorosamente  y sabemos que cuando acudimos a él, todo irá bien aquí y en el más allá. B. Wilson

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Escrito por lilypaisoficial